domingo, 11 de agosto de 2013

EL AYUNO



Documentel de la cadena francoalemana ARTE sobre el ayuno terapéutico, también llamado medicinal o curativo en el que se expone la inmensa capacidad curativa del mismo . Es una práctica cada vez más extendida y, aún hoy, la forma menos conocida por el gran público. Ya sea parcial o absoluto, el ayuno es una forma de depurar el organismo, ya que al dejar de introducir toxinas y demás agentes nocivos en nuestro cuerpo, lo sometemos a un proceso de "limpieza" y purificación. Existen múltiples formas de practicar el ayuno, así como múltiples beneficios que éste proporciona a nuestro organismo, desde el más obvio (adelgazamiento) hasta los más impensables, como por ejemplo la prevención y curación de enfermedades graves.
Como acabamos de ver, la conexión entre ayuno y espiritualidad es un hecho asumido desde la antigüedad y en la mayoría de las sociedades. Desde un punto de vista racional, ese vínculo no deja de ser una mera idea abstracta, construida a partir de experiencias históricas colectivas.

Pocos son aún los estudios científicos que se han dedicado a indagar en este asunto, si lo comparamos con los dedicados a demostrar los efectos del ayuno en otros ámbitos de la salud.

La actividad cerebral abarca un buen número de procesos que controlan las distintas funciones cognitivas (lenguaje, juicio, imaginación, percepción...). Al igual que el resto del organismo, los procesos cerebrales se ejecutan por medio de células, las cuales también necesitan energía para su buen funcionamiento. Esta energía proviene fundamentalmente de la glucosa.

Si entendemos, pues, que la glucosa es el principal combustible para el cerebro, lo lógico es deducir que el ayuno (al restringir el aporte de glucosa) va a modificar el rendimiento habitual de nuestra actividad cerebral.

Sin embargo, se han realizado estudios que demuestran más bien lo contrario: la restricción de glucosa no impide su disponibilidad por parte del cerebro. Como hemos mencionado con anterioridad, el organismo humano tiene la extraordinaria capacidad de reajustar su sistema fisiológico mediante una serie de mecanismos de autorregulación (homeostasis).

Cuando el cuerpo detecta una falta de glucosa por el medio habitual (digestión de alimentos), la busca en otras fuentes internas de reserva, como el glucógeno y las proteínas. Esta nueva formación de glucosa (gluconeogénesis) puede equilibrar la disponibilidad de glucosa en el cerebro durante 24 horas.

Para entrar a valorar estas consideraciones en relación con el fenómeno espiritual, debemos partir de la base de ayunos superiores a esas 24 horas. A partir de ese momento, las células nerviosas empiezan a carecer de la cantidad de glucosa necesaria para ejecutar su trabajo en condiciones óptimas.

Al no encontrar reservas suficientes en el glucógeno y las proteínas, el cerebro comienza a recoger energía de los cuerpos cetónicos. Esta nueva fuente de energía produce cantidades más elevadas de trifosfato de adenosina (ATP) que la glucosa, lo cual puede modificar los efectos metabólicos generados en el cerebro.

Fisiológicamente, por lo tanto, es evidente que la restricción prolongada de glucosa en el organismo altera progresivamente las capacidades de nuestra actividad cerebral.

Por ejemplo, uno de los procesos mentales alterados por el cambio de metabolismo en ayunos prolongados es el que afecta a la percepción visual. El incremento de la corriente eléctrica producida por los cuerpos cetónicos puede llevarnos a percibir las imágenes de manera diferente a la habitual.

Lo mismo puede suceder en otros procesos cognitivos en los que intervienen los impulsos eléctricos, como la memoria, el pensamiento y la imaginación: en definitiva, la interpretación de la realidad. Esta alteración de la percepción no deja de ser muy diferente a lo que se experimenta en situaciones como por ejemplo la fatiga extrema, ataques de epilepsia o experiencias cercanas a la muerte.

Si nos atenemos a este razonamiento, pues, resulta fácil explicar la interpretación espiritual que muchas personas atribuyen al acto del ayuno. La aproximación o el encuentro visual con la divinidad de turno, las llamadas del más allá, la purificación del alma, la consecución del Nirvana, etc. pierden su encanto místico y se reducen a una serie de fenómenos puramente fisiológicos.

Sea cual sea el motivo, es innegable que la práctica de cualquier actividad que no implique un elevado grado de esfuerzo físico encontrará con el ayuno una intensificación de sus efectos, la mayor parte de las veces en sentido positivo. Las personas creyentes se sentirán más cerca de Dios al practicar sus oraciones, los ateos o agnósticos se sentirán más en armonía con sus semejantes si se implican en la reflexión y la meditación. En todo caso, siempre dependerá del tipo de actividad que se realice.

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