sábado, 8 de junio de 2013

El siglo del Yo









El documentalista Adam Curtis disecciona la influencia de la psicología de masas y la propaganda para la creación de la sociedad de consumo en el siglo XX. El documental, que tiene como protagonista a Eduard Barneys (sobrino de Sigmund Freud) y sus teorías sobre la relación consumo-democracia, nos ofrece una visión de la publicidad, la propaganda y los medios como una forma de controlar y manipular a las masas, de la mano de quien aplicó el psicoanálisis para convencer a la sociedad norteamericana de la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Emitido en la BBC en 2002, hoy está considerado un excelente trabajo documental. Con “El siglo del Yo” nos encontramos ante unos de los documentales más atrevidos, valientes y revolucionarios jamás realizados. Tanto que cuesta imaginar cómo fue posible que una televisión pública, al servicio de uno de los estados más profundamente capitalistas del mundo, emitiese semejante obra de arte sin censura de ningún tipo. “El siglo del Yo” no es un documental cualquiera. Es mucho más. Es una puerta abierta para entender en profundidad el funcionamiento de nuestra actual sociedad consumista-capitalista, así como, incluso, para aprender a conocernos un poquito más a nosotros mismos: concretamente el porqué de nuestras conductas, pensamientos, valores y comportamientos dentro de la misma. Esto es así en tanto que “El siglo del Yo” nos revela uno de esos secretos maravillosos que cuando uno los descubre y entiende ya nada, para bien o para mal, vuelve a ser lo mismo. Es una puerta abierta al conocimiento sociológico profundo.

Este además es un secreto realmente demoledor: allá donde tú crees que eres una persona libre que toma en todo momento sus propias decisiones libres, lo que hay en realidad es una persona cuyas decisiones, en un buen porcentaje de ocasiones, no son más que el fruto de una serie de ideas que otras personas han pensado previamente por ti. No por azar, claro, sino para que tú pienses, sientas y actúes conforme a lo que esas otras personas esperan de ti. Y lo esperan no por capricho, sino para que sus privilegios sociales no desparezcan, y sus intereses, políticos y económicos, no dejen nunca de satisfacerse. Para que, en definitiva, te conviertas en un fiel siervo de su poder en la sombra.

“El siglo del Yo”, aunque suene duro decirlo, te muestra que, lejos de ser tan libre como crees, estás más cerca de ser un esclavo al servicio de unos amos con nombres y apellidos que de ser un sujeto verdaderamente libre. Por menos, algunos podrían sentir una crisis profunda de personalidad y de creencias. El siglo del Yo se convierte así, para quien tenga la capacidad de analizarlo desde una perspectiva crítica y no como mero espectador pasivo, en toda una experiencia vital, máxime si antes no tenía conocimiento alguno de todo aquello de lo que se habla en el documental. Es uno de esos documentales que, más que verlos, hay que dialogar con ellos. Y al hablarte te dirán tantas cosas que no podrás evitar sentirte asombrado e incluso asustado por ello.

Pero la reflexión a la que semejante revelación induce no tiene solo implicaciones individuales. Tal revelación atenta también contra otra de esas grandes “verdades” que pocos ciudadanos se cuestionan en la actualidad, una de esas verdades repetidas, como si fuesen mantras, en las clases de historia de nuestros colegios, institutos y universidades de toda índole, tal cual es el carácter -dizque- ilustrado de la sociedad en que vivimos. Ya desde los orígenes mismos de la modernidad ilustrada la búsqueda de la libertad se constituyó en el motor fundamental para los cambios políticos, económicos, sociales e individuales que estaban por venir, y de los cuales, nos dicen los libros de historia, nuestra civilización es el resultado final. Este hecho presuponía, entre otras cosas, que cada uno de nosotros debía ser participe de la historia, desde su propia libertad individual. Ese era el gran cambio ilustrado, el gran sueño de la Ilustración. Ese es, supuestamente, el motor de nuestra actual civilización occidental. El sueño ilusorio de la libertad. Un sueño, sin embargo, que, pese a lo que pudiera parece en primera instancia, jamás llegó a realizarse.

Documentales como el aquí tratado así lo demuestran, sin necesidad de pasar más que unas horas frente a la pantalla de tu televisor o de tu ordenador personal. El sueño ilustrado muere cuando el consumismo emerge: he ahí la otra gran revelación de este magnífico documental. Lo que nos viene a decir básicamente es que no somos tan hijos de la ilustración como nos han hecho creer, no. Somos, más bien, hijos de la alienación más sutil que jamás haya existido a lo largo de la historia: la alienación consumista-capitalista. Somos hijos, en definitiva, de un proyecto completamente antilustrado que domina nuestra sociedad de cabo a rabo. Hijos de la esclavitud del tener frente a la libertad del ser, como bien nos señalase Erich Fromm en su obra ´´Del tener al ser´´. Fue Sigmund Freud quien, en primera instancia, tal y como nos hace ver también este documental, comenzó a matar tal sueño ilustrado de situar la libertad por encima de todas las cosas. Freud nos diría que el ser humano, por más que crea en la libertad como valor supremo de la sociedad, está condicionado por una lucha de fuerzas internas difícilmente controlables por vía de la racionalidad una racionalidad a la que, además, someten y sojuzgan. La libertad plena del hombre, tras Freud, se convierte en una ficción. El hombre, muestra Freud, ya no sólo no es libre ante el mundo, la sociedad o sus instituciones, sino que ni tan si quiera es libre ante sí mismo.

Oscuras fuerzas inconscientes gobiernan y determinan la formación de nuestra personalidad y el desarrollo de nuestra conducta, tanto o más que la voluntad libre y consciente. Fuerzas que, como si fuesen torbellinos, no podemos controlar. Que nos hacen esclavos de nosotros mismos. Esa vena abierta en el sueño ilustrado, de la que brotaba sangre a borbotones, sería precisamente la que utilizase un sobrino estadounidense del propio Freud, Edward Bernays, para acabar definitivamente con las esperanzas despertadas por los ilustrados. Bernays, como bien se detalla en el documental, sería el primero en percatarse del incalculable potencial que las teorías de su tío ofrecían a los intereses del capitalismo.

El razonamiento propuesto por Bernays, aunque con efectos devastadores para la libertad humana, fue sencillo: si es verdad eso de que el hombre está sometido por una serie de fuerzas, pulsiones, deseos y necesidades inconscientes que ni si quiera él mismo conoce, y que operando desde un oscuro lugar de su mente tienen capacidad para influir en la formación de su conducta y de su personalidad, también lo será que, manipulando convenientemente tales pulsiones, deseos y necesidades ocultas, se podrá también influir directamente en la conducta, el pensamiento y el comportamiento de estos sujetos, de tal modo que ni ellos mismos sean conscientes de la manipulación a la que están siendo sometidos, e incluso cuando estos sujetos se crean, desde su pensamiento consciente, verdaderamente libres. Solo era cuestión de encontrar la forma de entrar en el inconsciente de las personas para introducir en él los mensajes más acordes al funcionamiento de la nueva sociedad consumista que estaba emergiendo.

El consumismo-capitalismo había logrado así encontrar la cuadratura del círculo en la manipulación de masas: las clases dominantes podían seguir defendiendo un discurso emancipador, de acuerdo a las exigencias conscientes de las masas según el espíritu ilustrado propio de nuestra época, pero de manera oculta operarían mediante todo un mecanismo psicológico para la sumisión y alienación de la consciencia de éstas, a través del estudio, control y manipulación de sus ideas, pulsiones, deseos y necesidades inconscientes.

Tú te debes creer, y te creerás, conscientemente libre, pero tu inconsciente estará controlado por las intenciones de aquellos que hacen de la sociedad su gran negocio. Así consiguieron convertirnos en esclavos de la publicidad y de la propaganda, que en el sistema capitalista vienen a ser lo mismo. Ninguno de los elementos, ni en la forma ni en el contenido, de todos esos anuncios publicitarios que nos invaden por doquier está improvisado. Todo está estudiado y analizado al más mínimo detalle. Todo para que no puedas escapar de ellos. Todo para que se estos se conviertan en tu guía de sentido y orientación vital, de la que emergen tus valores morales, éticos y estéticos, con los que has de moverte por el camino de tu existencia cotidiana. Detrás del lanzamiento de cada anuncio, de cada marca, está el trabajo de un equipo interdisciplinario, que se basa en múltiples conocimientos acumulados sobre psicología de masas, el comportamiento de los consumidores y los efectos de la publicidad sobre los mismos. La publicidad no solo vende productos, si no que vende un estilo de vida: justo aquel que es más rentable para los intereses del capitalismo, esto es, de quienes detentan el poder en él. Entrará en tu inconsciente hasta apoderarse de él, y de tu vida.

Nuestros proyectos de futuro, el sentido que damos a nuestras vidas, nuestros valores éticos y estéticos, todo, absolutamente todo, está condicionado por una serie de ideas previas que “alguien” ha puesto ahí para que nosotros interioricemos y reproduzcamos. No somos libres, no. No al menos tan libres como nos creemos. Somos el producto de un modo de vida y de unos intereses que no son los nuestros. Somos, en definitiva, hijos de quienes supieron ver en el control del inconsciente un arma para dominar consciencias. Somos, pues, hijos de Bernays, mucho más que de la Ilustración: nuestra sociedad puede ser en apariencia ilustrada, nosotros no. Nuestra Constituciones podrán decir que somos libres, nuestro inconsciente no. Libres de derecho, esclavos de hecho. Eso somos. Eso es, en síntesis, lo que nos enseña, de manera clara, concisa y contundente, este gran documental. Un revelación que, como dijimos al principio, una vez conocida y comprendida, ya nada vuelve a ser lo mismo. Salvo que, claro, se quiera optar por seguir siendo un esclavo para el resto de nuestras vidas. ¿Lo quieres tú?

El siglo del Yo – Maquinas de Felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario